¿Recuerdas qué hacías en 2012? No fue el inicio de la crisis, pero sí el año en que la esperanza de una recuperación rápida se desvaneció, dejando paso a una realidad mucho más compleja y persistente. La crisis financiera había resquebrajado el modelo económico de las democracias occidentales, y también las certezas y expectativas de muchas personas.
En ese momento nació Historia Desterrada, mi primer proyecto de divulgación. Con él pude poner en práctica las técnicas y conceptos aprendidos en los años anteriores. No sin cierta ingenuidad, aquel blog ocupó incontables horas de documentación, escritura y conversaciones con lectores y otros creadores de contenido (o «blogueros», por aquel entonces, aunque ahora ya suena vieja escuela).
Mirando atrás creo que, en el fondo, buscaba respuestas en un momento de incertidumbre. Trataba de comprender el mundo que emergía de aquel punto de inflexión: una Europa marcada por la crisis de deuda, un Mediterráneo convulso tras las primaveras árabes y unas democracias occidentales que empezaban a mostrar grietas más profundas de lo que muchos imaginábamos. Estas preguntas se abrían paso en Historia Desterrada, junto a otros temas más propiamente históricos.
Al cuestionamiento de aquella realidad se sumaba la búsqueda de un espacio donde tuvieran cabida historias normalmente olvidadas. Siempre he considerado acertado el axioma según el cual los vencedores escriben la historia. Pero también pueden existir otras razones que condenen a personas, hechos o ideas a sufrir el desdén y desmemoria de la historia general. Ahí ahondaba aquel proyecto primigenio, que rescataba hechos poco conocidos (al menos en el ámbito hispano) y encontraba, poco a poco, su personalidad. Pero faltaba algo importante.
Hasta ese momento, mi aproximación a la historia era puramente académica. Comenzar a gestionar personas en la empresa privada me hizo darme cuenta de que aquel enfoque no me representaba realmente. Necesitaba pasar a la acción. Y los problemas cotidianos de las personas me ofrecieron una mirada más profunda. La historia ofrece un remanente inagotable de lecciones prácticas para el presente. Lo infravaloramos vilmente, por manida que esté la frase de George Santayana: Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo. El problema es que se ha aplicado de manera generalizada a contextos «macro», cuando cobra verdadero sentido en la escala cotidiana de las personas.
Con el canal Historia Circular pusimos en práctica esa visión. Nació en plena pandemia de la COVID-19, cuando el mundo pareció detenerse. Aquella experiencia acabó de confirmar lo que venía pensando desde hacía tiempo: la historia no solo sirve para comprender sociedades, instituciones o grandes acontecimientos. También es una herramienta extraordinaria para comprender a las personas. Detrás de cada proceso histórico encontramos individuos enfrentándose a dilemas, errores, fracasos, ambiciones y decisiones que, realmente, han cambiado poco a lo largo de los siglos.
Hoy, Historia Desterrada renace como resultado de esos dos mundos: Historia y personas. Indivisibles. Fruto del camino andado, que ha ofrecido un sentido a todo lo demás. Quizá por eso Historia Desterrada vuelve ahora. Porque, después de todos estos años, sigo creyendo que comprender el pasado es una de las mejores formas de comprender el presente. Y, sobre todo, de comprendernos a nosotros mismos.
Este es, simplemente, el camino de vuelta.